Le prestas dinero a un emisor (gobierno o empresa) durante un plazo pactado. A cambio, recibes pagos de intereses periódicos (cupones) y al vencimiento recuperas el capital. Se llama 'fija' porque el interés está determinado desde el primer día.
Tipos principales:
- Deuda pública a corto plazo (Letras, T-Bills): Préstamo al Estado a corto plazo (3, 6, 9 o 12 meses). Se compran 'al descuento' — pagas menos del valor nominal y al vencimiento recibes el importe completo. Son la inversión más segura de cada país.
- Deuda pública a largo plazo: Como la deuda a corto plazo pero a plazos de 2, 5, 10 o 30 años. Pagan cupones periódicos.
- Bonos corporativos: Le prestas a empresas privadas. Pagan más interés que el Estado porque su riesgo de impago es mayor.
A diferencia de la renta variable, en renta fija el interés compuesto no ocurre de forma automática. Cuando recibes un cupón, el dinero llega a tu cuenta y se queda ahí — no se reinvierte solo. Si no haces nada con él, cada año sigues cobrando el mismo interés sobre el mismo capital inicial. No hay efecto compuesto.
Para conseguir el efecto del interés compuesto en renta fija, tienes que reinvertir activamente lo que cobras: usar los cupones para comprar más renta fija, o al vencimiento de un depósito, meter todo — capital más intereses — en un nuevo producto. Solo así los beneficios empiezan a generar más beneficios.
Si necesitas tu dinero antes del vencimiento, puedes vender el bono a otro inversor en el mercado secundario. El mercado primario es cuando el Estado o la empresa emite el bono por primera vez; el secundario es donde los inversores se los compran y venden entre sí a precio de mercado.
Para evitar el riesgo de un solo emisor: La opción más sencilla para particulares es comprar un Fondo Indexado de Renta Fija Global, que invierte en cientos de bonos de distintos países y empresas a la vez.