En el módulo anterior aprendiste que el Asset Allocation divide tu cartera en tres bloques: renta fija, renta variable y activos alternativos. Ahora vamos a ver qué es cada uno. Empezamos por la renta fija: prestarle tu dinero a una institución — un gobierno o una empresa — a cambio de que te lo devuelvan en una fecha pactada más unos intereses fijos. Se llama 'fija' porque, si mantienes la inversión hasta el vencimiento y el emisor paga, conoces de antemano cuánto vas a cobrar y cuándo. Es la categoría de inversión más predecible, aunque tampoco es riesgo cero: si quien pidió el préstamo quiebra, puedes perder parte o todo; y si necesitas vender antes del vencimiento, el precio puede haber bajado (pasa cuando suben los tipos de interés: en 2022 la renta fija mundial cayó en torno a un 16%).
Dos tipos principales:
- Deuda pública (bonos soberanos y títulos del gobierno a corto plazo): Le prestas dinero a un país. La de los gobiernos muy solventes está entre las inversiones más seguras del mundo: la probabilidad de que no te paguen es muy baja, y la rentabilidad suele ser baja precisamente por eso. Pero no todos los gobiernos son igual de solventes: Grecia reestructuró su deuda en 2012 y Argentina ha dejado de pagar nueve veces.
- Deuda corporativa: Le prestas dinero a empresas privadas. Como el riesgo de quiebra de una empresa es mayor, las empresas te pagan más intereses para compensarlo. Mayor rentabilidad, mayor riesgo.
Compras deuda pública al 3,5% anual. Prestas 1.000 € al Estado. En un año, el Estado te devuelve 1.035 €. Si en cambio le prestas a una empresa de riesgo medio al 6% anual, ganas más — pero aceptas el riesgo de que esa empresa pueda tener problemas para pagar.
Más adelante hay un módulo dedicado a la renta fija donde verás en detalle todos sus instrumentos, cómo se valoran y cómo encajan en una cartera.