La inflación es el aumento general de los precios con el tiempo. Cuando hay inflación, las mismas cosas cuestan más dinero que antes — no porque se hayan vuelto más valiosas, sino porque el dinero vale menos.
Esto ocurre por varias razones: hay más dinero en circulación del que crece la economía (los billetes los emite el banco central de cada país, y la mayor parte del dinero la crean los bancos al conceder préstamos), suben los costes de producción, como la energía, o hay más demanda que oferta. Una inflación baja y estable es normal: la mayoría de los bancos centrales buscan que los precios suban en torno a un 2% o un 3% al año. Cuando se dispara, se convierte en un problema serio.
Uno de los motivos principales por los que la gente invierte es precisamente para ganarle la batalla a la inflación: si tu dinero no crece al menos al ritmo de los precios, cada año puedes comprar menos cosas con los mismos ahorros.
Hace quince años, llenar el depósito de un coche podía costar unos 60 €. Hoy, en muchos países, cuesta 90 € o más. El coche no necesita más gasolina para funcionar — la gasolina simplemente cuesta más dinero. Eso es la inflación en acción.